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La «delicada» del Otoño

Las flores de calabaza representan un icono en la gastronomía mexicana, para ser franca y sincera bien valen el puesto y el lugar que ocupan en ella. Formaban parte de la dieta diaria antes de la conquista y ha sido uno de los platillos que se ha mantenido intacto a lo largo de los años tal y como hoy lo conocemos.

Estas flores que carecen de olor pero son exquisitas de sabor tienen su temporada más excepcional comenzando en Mayo y terminando el mes de Octubre con la llegada del Otoño y cuando llega su reina al escenario, la mismísima Calabaza. Sus flores son tan delicadas como sabrosas, su vida se reduce a unas horas en las que tenemos que aprovechar al máximo su esplendor para hacer un plato merecedor de esta delicadeza.

Yo en lo particular muero por ellas, rellenas de casi cualquier cosa están deliciosas y salteadas para quesadillas pues: ¿qué decir? pueden dejarte sin palabras cuando una buena tortilla de maíz las abraza.

En este caso he querido darlas un trato especial y quería fusionarlas con un plato muy español como lo es la Brandada de Bacalao, tenía una pequeña cantidad sobrante de la receta del Chile Poblano, (que la tenéis aquí) y qué mejor relleno que la brandada que le aporta cuerpo y una textura suave con el calor del rebozado. No podéis imaginar el acierto que ha sido juntarles.

Si debo citar que la delicada elaboración bien merece prepararla para un evento especial, porque además de lucir como pocos platos, como entrante es muy saciante y cunde mucho la ración. Aquí tenéis la receta:

INGREDIENTES (4 personas)

2 Ramilletes de flor de calabaza

150 gr Brandada de bacalao, receta aquí

2 Huevos batidos

Panko rallado

Aceite de oliva suave para freír

VAMOS AL LÍO:

Para explicaros con detalle la limpieza de las flores de calabaza creo que esta imagen ayuda bastante para que os hagáis una idea de como hacerlo. Rompéis arriba el pétalo como en el cuello del mismo y lo abrís por un lado, saldrá el pistilo entero y tenéis que lavarlo muy bien todo el polvo del pistilo porque puede amargar bastante.

Este trabajo es muy sencillo pero delicado y lento. Hacerlo con tiempo suficiente y con calma.

Una vez lavadas las secamos bien con papel de cocina, yo las tendí en un paño de cocina como véis en la imagen y me fue muy fácil secarlas y rellenarlas.

El relleno lo fui haciendo forma de bola con dos cucharas pequeñas, después al enrollar o cerrar la flor la masa del relleno queda alargada, quedando pegada a toda la flor cerrada, lo podéis ver en la imagen siguiente.

Al dar algo de calor a la brandada que es firme os ayudará a cerrar la flor y quedar pegadas con mucha sencillez.

Ponemos huevo batido en un cuenco, panko en otro cuenco y nos ponemos a rebozar todas las piezas, primero huevo y después panko. Reservamos en un plato y calentamos abundante aceite de oliva suave en una sartén. Cuando esté caliente vamos friendo pieza a pieza para dorar y sacar a papel absorvente que eliminar el exceso de aceite.

En la última imagen podéis ver el dorado de las flores, solo debemos dorar el rebozado puesto que el interior ya está cocinado.

Pues estas flores con una ensalada de tomates con verdel escabechado formaron los entrantes de una comida más ligera.

 

 

 

 

 

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